Rothenburg ob der Tauber, Día 4


Llegar a este lugar pensaba que iba a ser una odisea, que iba a ser muy dificil, complicado, marañoso... no hay adjetivos suficientes para lo que se me pasaba por mi cabeza de lo complicado que me parecía llegar a este lugar (por lo que fuimos sin planificación) y, nada más lejos de la realidad. Fue lo más fácil y sencillo del mundo. En ningún sitio encontré como se debían de comprar los billetes, como se llegaba o como se tenía que hacer el trasbordo desde cualquier punto; ya fuera desde Núremberg pasando por Ansbach o desde Núrember pasando por Wurzburgo. Esta segunda opción, era la que debía de tomar, puesto que queríamos hacer uno por la mañana y otro por la tarde. Solamente hay una vía de tren para llegar a este pequeño pueblito y lo que en ningún lado encontramos es que es de una única vía/dirección porque es un trayecto único de tres o 4 paradas con final de linea desde Wurzburgo.

Nuestra intención era ir primero a Wuzburgo y después ver Rothenburg ob der Tauber (en adelante solo Rothenburg), ya que era un pueblo pequeñito, pero por miedo a que nos quedáramos sin trenes porque hay menos frecuencias, decidimos hacerlo a la inversa, ahora bien, yo recomiendo primero visitar Wuzburgo y después Rothenburg, ya lo entenderéis en la entrada de Wuzburgo.


Tras bajarnos toda la marabunta de turistas del tren, decidimos como buenos turistas no alemanes, seguir al rebaño para llegar al centro histórico de la ciudad sin gastar batería del móvil (puesto que Google Map suele gastar bastante). Llegamos a Röderbastei, una de las tantas puertas de la muralla que dan acceso al casco histórico. Como queríamos quitarnos a todos los grupos de colegios y turistas decidimos llegados a este punto, hacerlo a la contra de los demás. Lo primero que hicimos fue subir a la muralla, un acceso completamente libre y abierto. En vez de tomar rumbo hacia la Puerta de la Horca (Galgentor), decidimos ir dirección sur, hacia la torre Faulturm, una vez llegado a esta torre bajamos las escaleras y nos adentramos por la puerta Plönlein. Para mi gran sorpresa y sin saberlo, una vez nos adentramos y sin darnos cuenta estábamos en la postal más mítica y pintoresco de Rothenburg, solo teníamos que girarnos en vez de seguir andando. 


Lo bueno es que como fuimos a la contra, había muy poca gente en esta zona pudimos hacernos algunas fotos y grabar algunos videos. Esta zona, es una zona emblemática porque tiene escaleras de madera, calles adoquinadas, una fuente y casas antiguas, además de tener un montón de tiendecitas de artesanos (y no tan artesanos). Este pueblo es considerado el pueblo de Pinocho, así que aquí podrás encontrar muchos muñecos y juguetes de madera. Literalmente se respira un ambiente medieval, tanto es así que mi madre vió una tienda que se llama Waffenkammer Rothenburg o.d.T., esta tienda tiene a un "guerrero" de hojalata en la puerta para llamar la atención de la gente y que entren a mirar, las diferentes navajas, espadas medievales y túnicas medievales.


Posteriormente llegamos a la plaza del mercado. Esta plaza, es la plaza central del pueblo y tiene un alto interés por su arquitectura, ya que alberga dos de los edificios más importantes de Rothenburg comom son el ayuntamiento y la torre del reloj de Ratstrinkstube. Otra de las cosas que puedes apreciar en la plaza es la fuente de San Jorge. Esta plaza si que estaba bastante masificada de turistas, puesto que muchas personas se paran a descansar en las escaleras que tiene la entrada del ayuntamiento. Tras visitar esta plaza, seguimos andando por la calle Herrngasse.


Si no te gusta la Navidad, no te hará mucha ilusión, pero si eres como yo, que soy como un niño pequeño con esta festividad, disfrutaras visitando el museo y la tienda de souvenirs de Navidad. Es muy fácil de ver, ya que en la entrada a estos dos lugares te recibe un "micro-bus" navideño y un cascanueces de madera de alrededor a unos 2 metros de altura en la entrada. De este lugar un detalle que me gustó mucho, fue que el uniforme de los trabajadores es ropa tradicional o relacionada con la Navidad, aunque he de decir que para ellos se aprecia algo de incomodidad. La tienda de la navidad tiene de todo lo que te puedas imaginar relacionado con esta época del año menos una cosa: los tomte, unos gnonos típicos de la mitología nórdica. Hay hadas, Santa Claus, Reyes Magos, muchas figuras de muchos estilos para Belenes, árboles de navidad por doquier, muñecos de madera, fieltro, cerámica y peluche entre tantos materiales. 


Un paraíso para los amantes de la Navidad, pero ojo cuidado, los artículos aquí son de un precio elevado, si vas a realizar algún regalo, en otras tiendas aledañas hay también cosas parecidas o iguales pero más baratos (pero hay mucha menos variedad). Otra cosa de la que disponen es unas postales completamente gratuitas en la puerta. Estas pequeñas postales tienen motivos navideños y detalles grabados en color dorado. Son muy bonitas. El único regalo que compramos fue para una amiga de mi madre y mía, ya que a ella le gustan mucho las muñecas y decidimos comprar una que fuera típica de aquí.


Seguimos andando toda la calle hacia abajo hasta llegar a la puerta de Burgtor. Justo a la salida, hay unos servicios públicos, que sinceramente para la cantidad de gente que entra, estaban muy limpios y son completamente gratuitos. Este lugar tiene un parque con unas vistas increíbles del pueblo, decidimos recorrer la calle de Burggasse, una zona muy tranquila y nada concurrida, para llegar otra vez a la calle principal y retomar por la plaza del Ayuntamiento. Desde ahí decidimos ver la iglesia evangélica de San Jacobo. De esta iglesia destaca las esculturas a tamaño natural que se encuentran en el exterior, representando algunas escenas bíblicas. Por dentro era bonita, pero sin más, hay otros monumentos que merecen más la pena visitar si se anda con prisa y no se quiere parar y es una visita "rápida".


Nosotros como ya habíamos visto casi todo lo que nos ofrecía el pueblo, decidimos buscar un sitio para comer y que no fuera muy caro, por lo que empezamos a alejarnos del centro del pueblo en dirección hacia la muralla y fuimos por la calle Galgengasse, aquí vimos una pizzería italiana que se llama Roma y la verdad que estaba poco concurrida, tenía una decoración exquisita y te reciben y te atienden estupendamente, tiene precios económicos y la comida está bastante buena. (No me pagan pero os puede venir bien si os da hambre o llega la hora de comer). Después de comer nos fuimos hacia la estación nuevamente para tomar el tren con destino a Wurzburgo, allí esperamos nuestro tren.

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